12:37 am. Las gotas golpean contra mi ventana, el viento sopla con mucha fuerza, haciéndome dar una idea del frío que hace afuera. Me estremezco. La luz del relámpago que acaba de pasar ilumina mi habitación, y el ruido del rayo me hace apretar el botón de suprimir. Muy bien, Ari, acabás de borrar todo lo que escribiste recién. Ahora dale al Ctrl + Z y listo.
Sábanas arrugadas, cuerpo masculino ocupando el colchón. Adivina, adivinador, ¿quién ocupa mi cama hoy? Miro a la derecha, chocándome con su cara de cansancio; sus ojos cerrados, sus largas pestañas rozando sus pómulos y una media sonrisa en sus labios. Hasta dormido es jodidamente guapo. Paseo la mirada por su cuerpo, en sus manos, la tableta de mi remedio y a su lado, apoyada en el colchón, una botella de agua.
Volteo mi cara a la pantalla otra vez. No me veo, pero pongo las manos en el fuego a que tengo una sonrisa estúpida en mi cara. Los latidos se hacen más acelerados, suenan más fuertes. Como miles de tambores. No sé si son los de él, o serán los míos, a esta altura, ¿qué más da? ¿Qué diferencia hay entre los suyos y los míos? Creo que ninguna. Los dos músculos bombean sangre y laten a la vez. No existe diferencia alguna.
Lo escucho moverse; murmura algo en sueños, algo que descifro, pero prefiero dejarlo pasar. No quiero mirarlo, no quiero escucharlo. Siquiera sé cuando se quedó dormido. Vuelvo a escucharlo, esta vez con su voz ronca, me habla en un susurro.
-¿Ari?
No le contesto, sigo escribiendo. Escucho la música de fondo con volumen bajo, Bless the broken road, de Rascal Flatts. Siempre me gustó esta canción, me trae paz. Trato de distraerme, mirando páginas en el Firefox, escuchando la letra, pero su voz vuelve a llamar mi atención.
-Me quedé dormido…-se revuelve en el edredón-. Tenés que tomar la pastilla….
Miro una vez más hacia la derecha, hacia mi cama. Y me odio por haberlo hecho. Apoyándose sobre un codo se incorpora, estirando su brazo para alcanzarme una pastilla y la botella de agua. Agarro lo que me da y trato de apartar la mirada, pero la sonrisa condenadamente encantadora que me dedica me hace entrar en un especie de trance.
Me tomo el estúpido remedio y vuelvo a mirar a la jodida pantalla por enésima vez. Sigo escribiendo, la misma canción sigue sonando una y otra vez. Una y otra vez. Lo miro de reojo, una miradita fugaz no puede hacerme daño ¿o sí? Sigue sentado, mirándome. Con la mano derecha se despeina el pelo ya despeinado y con la izquierda busca su celular; mira la hora y suelta una maldición.
-Gordita, me quedé re dormido-dice en otro susurro. Ni me atrevo a mirarlo-. ¿Querés que me vaya?
Dudo por unos segundos, las 12:59 am. Podría echarlo tranquilamente, está a tres pisos de su casa. Pero soy demasiado miedosa para hacerlo o demasiado estúpida como para dormir sola. Niego con la cabeza, él se para y me abraza por atrás.
-¿Vuelvo a dormir en el piso como ayer?
-No, no. Si querés podés dormir conmigo…-contesto sin mirarlo, sin hacer caso al escalofrío que me recorrió desde la nuca hasta el comienzo del culo-. O no. Como quieras…
-Yo quiero dormir con vos.
Será jodidamente tierno.
-Te voy a contagiar, bobo.
-No me importa.
Besa mi mejilla y yo cometo el error de mirarlo otra vez. Clava sus ojos en los míos y yo creo que me salté un par de latidos.
-¿Te molesta si te doy un beso?
¿Alguna puede decirme qué clase de pregunta es esa? Hace cuánto que no escucho algo así.
-Te dije que te vas a contagiar, tontito.
-Y yo te dije que no me importaba, bobita.
Se acerca unos centímetros más, dejando el mínimo espacio entre nosotros. Siento sus manos en mi cintura, pero el idiota me hace cosquillas. Hubiera pegado tremendo alarido, despertando a todos, si no fuera porque sus labios interceptaron los míos.
01:30 am. Hora de meterse a la cama. Buenas noches.
1 comentarios:
:)
Mi pobre Ari, que sigue pachucha. Álex te cuida, por lo que veo. Me alegra mucho...
Aunque sigo sin entender muchas cosas. Te quiero.
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